A propósito de José Luis Gándara Ramírez

El viernes 25 de septiembre un consultorio apagó su luz por última vez, un aula cerró sus puertas para siempre.

Por: Dr. Omar Josué Rojas Vázquez

Hablar del Dr. José Luis Gándara, es tocar una de las fibras más sensibles de los estudiantes de la Facultad de Medicina de la Benemérita, oriundo de la Ciudad de Puebla, quien fuera director de esta unidad académica, de origen modesto, de carácter amable, con un consejo siempre que se lo pedíamos, quienes lo conocimos como Secretario Académico sabemos que en él podíamos encontrar a un aliado, a un amigo y a un mentor, quienes fueron sus alumnos saben que la docencia era parte fundamental, y quienes tuvieron el gusto de pertenecer a su círculo de amistades, sabrán que era un extraordinario ser humano.

Hijo del Benemérito Instituto Normal del Estado, y egresado del medio superior del Instituto Aparicio, José Luis Gándara Ramírez estudió la licenciatura en medicina en el final de los 70`s y principio de los 80`s, especialista en parasitología clínica por parte del Instituto Nacional de Pediatría y maestro en ciencias por parte de la BUAP, ocupó el puesto de jefe de laboratorio del departamento de agentes biológicos, así como jefe de dicho departamento en 1992, más tarde, en 2003, fue promovido a jefe de internado y servicio social, para posteriormente ocupar a silla de la secretaría académica, mientras se seguía desempeñando como profesor investigador de tiempo competo en la máxima casa de estudios.

Legendario era el Dr. Gándara cuando entró mi generación a Medicina, si alguien necesitaba una materia, solamente él podía meter el sobrecupo, si algún alumno discernía con la nota puesta, el hombre que mediaba todo era aquel que se sentaba en la Secretaría Académica, conforme mi generación, la más grande que Medicina hubiese cobijado, avanzaba en la carga académica y el sistema de inscripción colapsaba, el Dr. José Luis hacía que creyéramos en la magia, pues evitó en gran medida la catástrofe de rezagar a más de mil estudiantes que componían esa generación.

Salía el maestro Briones y entraba el doctor Meneses y el Dr. Gándara seguía como el inamovible e invaluable secretario académico que tanto necesitaba nuestra querida facultad, era la pieza más indispensable en un engranaje deteriorado y viciado, que de poco o nada servía a los estudiantes, quienes sabíamos que él podría hacer las cosas mejor.

Pese a la división, secuela esperada de la propia polarización que el país vivía en ese momento y que perdura hasta hoy, imperó la razón y José Luis Gándara se posicionaba como el nuevo director de nuestra alma máter, fue hace 3 años cuando en verdad comenzaba un cambio en nuestra Facultad.

Roma no se construyó en un día, ni Alejandro Magno conquistó el mundo en una sola batalla, la lucha fue constante y la marcha cadente, la facultad de medicina necesitaba un líder que supiera guiarlos, y como buen líder se rodeó de grandes talentos, todos sabíamos que, en la oficina del fondo, la de la dirección, estaba uno de los nuestros y que por primera vez desde que habíamos ingresado, la puerta estaba abierta.

Grandes retos corresponden a grandes líderes, y bajo su dirección, 1,200 alumnos partimos en dos tantos al internado de pregrado, tal número de estudiantes no los veía la universidad desde hacía años, y un reto de esa envergadura rebasaba a cualquiera, no así al nuevo director de medicina, que renovó el gabinete, como lo haría en posteriores situaciones, logrando así que un infierno que hubiera quemado a todos los estudiantes, fueran más bien, unas cuántas chispas, las generaciones posteriores a la mía tenían menor número de miembros, pero mayor número de desafíos.

El último gran reto que enfrentó la administración del Dr. Gándara fue el asesinato de uno de  nuestros compañeros mientras realizaba su servicio social, (una estancia de un año en una comunidad lejana de las que muchos no volvían), fue la gota que derramó el vaso y salimos a las calles, a clamar justicia por los nuestros, por esos compañeros que se iban y que no sabíamos si volverían, fue nuestro director quien respaldó el paro de Medicina, que desencadenaría en el paro de toda nuestra universidad y otras casas de estudio, logrando un movimiento estudiantil que no se veía en este país desde 1968.

La pandemia puso la estocada final a dicha movilización, al menos temporalmente, la universidad tuvo que evolucionar, un proceso que normalmente lleva décadas en aparatos tan monstruosos como la BUAP, se tuvo que dar en semanas, pues miles de estudiantes estaban varados en una especie de purgatorio, errantes, sin guía, aparentemente acéfalos, pero con la luz al final del túnel que siempre representó José Luis Gándara Ramírez, un director que siempre tenía una solución para cada alumno.

El viernes 25 de septiembre un consultorio apagó su luz por última vez, un aula cerró sus puertas para siempre, el ciclo vital finalizaba para un luchador, un docente, amigo, hermano, hoy su nombre se cubre de eternidad.

Hasta el cielo maestro.