La muerte y sus compinches

Por: Omar Josué Rojas Vázquez

Uno de mis maestros de primer semestre siempre nos decía que para adquirir experiencia y perder el miedo, debíamos hacer cada cosa mínimo diez veces, poner una sonda, tomar una muestra, colocar un catéter, atender un parto, reanimar, informar la muerte de un paciente, diez era el número mágico que nos haría perder el temor y nos daría la experiencia mínima para hacer las cosas bien.

Esta terrible crisis nos ha dado mucho aprendizaje, muchos hemos rebasado con creces ese diez de la experiencia, en todo aspecto, incluso en la parte más difícil de esta profesión, que es informar la partida de un ser querido, este es uno de los grandes retos que no nos enseñan del todo en las aulas de la facultad de medicina, muchas veces lo debemos aprender durante las prácticas, en el quinto o sexto semestre, las primeras veces las ganas de abrazar y llorar con los familiares nos invaden, sin embargo, quebrarnos junto con la familia esta prohibido, siempre se trata de separar el sentimentalismo del profesionalismo, sin embargo, cada vez es más difícil, cada vez son más muertos, cada vez estamos más rebasados.

El hartazgo del personal es palpable, la inexistente empatía por parte de la sociedad es una burla al esfuerzo sobrehumano que realizan para poder concluir cada jornada, es un escupitajo en la cara de todos los equipos de salud cuando las reuniones se siguen haciendo sin remordimiento alguno, hace unos días las filas para conseguir juguetes eran interminables, hoy las filas para ingresar a un hospital son inmensas, los reclamos son absurdos, el desinterés del gobierno, aunado a la ignorancia de la gente mantienen a todo el personal de salud entre la espada y la pared, el mismo día que iniciaba la vacunación, dos colegas más perdían la vida, somos el país que más médicos ha sacrificado en esta pandemia, si guardamos un minuto de silencio por cada muerte oficial en nuestro país, deberíamos callarnos por 94 días.

Hace dos días comenzó la vacunación en el estado, a partir del miércoles cada muerte en Puebla pudo ser prevenida por la vacuna, el esfuerzo que se debe hacer es sobrehumano, el personal de salud debe ser vacunado a la brevedad, todos los que están en los covitarios, médicos, enfermeras, inhaloterapeutas, personal de intendencia, todos, la labor es titánica, pero no imposible.

La vacuna es segura, es un método eficaz para prevenir la enfermedad, es una herramienta para poder volver a la normalidad que tanto se añora, la vacuna es la luz que clarea nuestro oscuro y frío firmamento, es el altavoz que nos va a permitir romper tantos días de silencio.