Por: Omar Josué rojas Vázquez

Desde que ingresamos a la facultad de medicina, las jerarquías se marcan entre los estudiantes, alumnos de primero, de segundo, instructores, mientras unas son necesarias, cargos como los instructores, asesores o facilitadores de tal o cual materia vuelven el respeto y el miedo algo inherente a los demás estudiantes, dichas jerarquías abarcan todo el sistema de salud, y si bien son necesarias, por cuestiones administrativas, legales o educativas, este último ámbito ha sido tema de debate en los últimos días.

La educación en medicina está actualmente evolucionando, tal vez de una manera lenta, pero en constate cambio, pronto quedarán atrás los absurdos e inhumanos castigos, inherentes al ciego respeto y servilismo con el que muchos hemos sido inculcados desde las aulas, donde la última palabra la va a tener el adscrito, el residente o el jefe de enseñanza.

Estamos ante una generación de médicos que cuestionan, que son críticos y ponen en duda, algunas veces demasiado, todo el método de educación que se imparte en los hospitales, este choque generacional abre aún más la brecha entre adscritos e internos, quienes son (fuimos) catalogados como rebeldes, insubordinados y en el peor de los casos, ignorantes.

Es hora de priorizar las necesidades de la educación médica, es tiempo de que el sistema de un pequeño paso hacia los nuevos métodos, que deje atrás la violencia, es hora de entender que los médicos internos, médicos pasantes, estudiantes en formación, son capaces de malabarear su vida y atender asuntos extras, que también para ellos existe vida más allá de las paredes de un hospital, que, si bien lo hacemos un hogar, un médico que solo se dedica a la medicina, ni medicina sabe.

Tanto internos como residentes son la base de nuestro sistema de salud, sin embargo, son el sector más desprotegido, desde guardias de castigo, hasta peleas en la residencia por un día libre, el ambiente en un hospital es bastante hostil como para agregarle más violencia.

Recientemente se ha desatado el debate en redes acerca de la vacunación, oponiéndose a la misma en médicos internos del sector privado, sin embargo, no debería existir más que satisfacción y tranquilidad al saber que la vacuna se está aplicando; el problema real es el plan que se ejecuta que aparentemente no tiene pies, cabeza, brazos o piernas, pues de un robusto mecanismo que impediría que nadie más que los médicos se vacunaran, regidores y otros servidores públicos han presumido la aplicación de su dosis, cosa que no es mala, sin embargo, no corresponde al tiempo propuesto por el mismo gobierno.

Tal como deben priorizarse las necesidades de la educación médico y romper el techo de cristal que impide a evolución de dicho sistema, también debería priorizarse la vacunación del personal médico, tanto internos como generales, públicos o privados deben ser vacunados para empezar a romper la cadena de contagio, basta de donaciones que en nada benefician a nuestro pobre país, la vacunación debe ser universal, pronta y expedita.